El 2014 no fue un buen año para mí; los proyectos que inicié se quedaron inconclusos por ahí, perdidos y olvidados, al igual que la mayoría de las personas y lugares que estuvieron remotamente relacionados con mi vida durante estos últimos doce meses. Hoy, el último día de diciembre, no me queda casi nada de aquello con lo que inicié el año; salvo lo realmente importante: mi familia. Y es por eso que no puedo quejarme de manera abierta, pues fue un mal año en todos los sentidos, (emocional, profesional y personalmente), pero no tengo ningún problema estrafalario o de veras trascendente, y pese a que agradezco eso de entrada, a la vez me hace sentir tan poco vivo y tan poco relevante para la actualidad de un mundo que insiste en no notarme o incluirme. Fuera de mi familia no amo a nadie, nadie me ama a mí (aunque por ahí, más de una persona diga lo contrario), no siento odio por nadie y tampoco lo provoco. No tengo deudas, no tengo ningún tipo de apuro económico e incluso terminé el año ahorrando un poco. No tengo planes presumibles, ni a mediano, ni a largo plazo. Mis sueños de la juventud se quedaron en algún lugar en el camino que me ha traído a donde sea que estoy. No deseo poseer nada en concreto, ni me sobra ni me falta nada. No hay algo que despierte en mí un interés productivo o un sueño, aunque sea mínimo. Hoy para mí todo es una idea ahogada en un tintero casi vacío, de por sí.
Pero es ese limbo existencial lo que me preocupa. No sé qué va a suceder, y lo peor es que no tengo la intensión o motivación para aclararlo. Por primera vez desde que tengo conciencia, voy a empezar un nuevo año sin una larga lista de propósitos cargados de esperanza, ímpetu y avidez. Tengo 25 años y me siento desmotivado, viejo y aburrido. He alejado a todos y me he alejado de todo. Soy un ermitaño emocional.
Lo lamentable: no tengo intención de cambiarlo próximamente, pues me siento bien... estoy cómodo con mi vida. Pero "cómodo" es una palabra muy ambigua cuando la usamos como adjetivo al intentar definir una vida.
Me siento muy apático e indiferente ante mí mismo. Una vez alguien muy importante para mí me dijo: "Las cosas no tienen sentido por sí mismas; hay que dárselo". Hoy más que nunca, estoy convencido de que fue un consejo muy valioso, y lo atesoro.
¡Ya quiero que comience el 2015! Me intriga, pues sé que mi estado de stand by no es permanente... ¡No puede serlo! Pero no me imagino cómo le voy a hacer para cambiar las cosas. Realmente no tengo ni idea. ¿Qué puede seguir?, ¿un negocio?, ¿otro viaje?, ¿otro trabajo?, ¿otro amor?..., nada de eso me emociona realmente, pero a la vez, lo que me intriga es el hecho de tener que encontrar algo que sí me emocione. Un poco confuso, al borde de lo ridículo; mi objetivo es encontrar un objetivo. Entonces, a final de cuentas sí tengo un propósito para el 2015: encontrar un propósito. Me van a sobrar muchas uvas...

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